martes, 14 de junio de 2022

DECLARACIÓN CONTRA LA ELIMINACIÓN DE LA ENSEÑANZA DE LA FILOSOFÍA EN LA EDUCACIÓN MEDIA SUPERIOR en México 2022

 Lic. Andrés Manuel López Obrador (Presidente de los Estados Unidos Mexicanos)

Mtra. Delfina Gómez Álvarez (Secretaria de Educación Pública)

Dr. Juan Pablo Arroyo (Subsecretario de Educación Media Superior)

A la opinión pública

Las y los suscritos, profesores e investigadores del área de filosofía, hemos hecho una lectura cuidadosa de los documentos dados a conocer por la Subsecretaria de Educación Media Superior para reformar el marco curricular común del área de humanidades. La conclusión a la que hemos llegado es que la reforma propuesta desaparecerá la filosofía en el plan de estudios.

No es la primera vez que se intenta eliminar a las disciplinas filosóficas. El gobierno de Felipe Calderón pretendió hacerlo para favorecer una educación tecnocrática y mercantilista definida por la OCDE. Aquella medida mereció el repudio de la comunidad filosófica, científica y cultural, y tuvo que ser revertida por dicho gobierno. La filosofía, en aquel entonces, era considerada como un estorbo para la incorporación de los estudiantes al sistema económico. Hoy en día, a pesar de que la reforma educativa pretende superar el modelo educativo del gobierno neoliberal, el resultado viene a ser el mismo.

La incorporación de las disciplinas filosóficas dentro del currículo educativo pertenece a una tradición cultural muy rica, que permite a las y los estudiantes que pasan por el período más importante de su formación, adquirir bases humanísticas esenciales para su autoconocimiento y el análisis de su entorno, pero, también para lograr un equilibrio necesario con su formación científico-técnica. Materias como la lógica, la ética, la estética y la introducción a la filosofía, entre otras, proporcionan al estudiante las bases para alcanzar solidez argumental; los elementos para fundamentar una conducta virtuosa; y la apertura a la aventura del pensamiento, que han servido para luchar por una humanidad mejor.

La educación filosófica es esencial para que las y los jóvenes, pero también toda la población (niñas, niños y adultos), adquieran las bases sociocognitivas que les permitan imaginar otro mundo posible.

Quienes nos dedicamos a la enseñanza e investigación de la filosofía rechazamos en forma enfática la desintegración de esta disciplina a nombre de la Nueva Escuela Mexicana.

 

Ciudad de México, 7 de junio de 2022

Si desea agregar su firma de apoyo, por favor, envíe su nombre completo y adscripción al correoobservatoriofilosofico09@gmail.com

Descarga el Manifesto aquí 

domingo, 7 de noviembre de 2021

Calderón quiso cambiar la filosofía por el neoliberalismo en la educaciónJessica Xantomila

Por Jessica Xantomilla- 

Fuente La Jornada

El gobierno de Felipe Calderón trató de desaparecer de un plumazo las disciplinas  y las humanidades de la educación media superior, una acción vinculada a una estrategia del neoliberalismo que buscaba “priorizar lo tecnocrático”, aseguró Gabriel Vargas Lozano, presidente del Observatorio Filosófico de México.

En entrevista, destacó que de concretarse esa iniciativa, los principales afectados hubieran sido los estudiantes, al no haber tenido “una formación mediante la ética, la estética, la lógica y de la filosofía misma”, igualmente muchos profesores se hubieran quedado sin empleo o hubieran sido reacomodados, y la cultura se hubiera visto perjudicada.

Recordó que fue en 2008 cuando el ex presidente emitió un decreto, por conducto de la Secretaría de Educación Pública (SEP), en el que eliminaba las citadas disciplinas. “Querían implantar una cosa que se llamaba Reforma Integral de la Educación Media Superior, así simplemente las eliminaban y con letras chiquitas decían que las materias filosóficas iban a ser complementarias”.

Mencionó que este hecho indignó no sólo a la comunidad filosófica sino también a la cultural y política. Lo que llevó a “una lucha intensa” con el apoyo de la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, entre otras, al igual que del Senado, en ese momento en manos de la oposición.

“Al final del sexenio logramos recuperar las materias filosóficas”, explicó Vargas Lozano, quien también señaló que la Universidad Nacional Autónoma de México se negó a aceptar lo que pretendía imponer Calderón.

La filosofía y las humanidades se incorporaron en el artículo tercero de la Constitución, “lo que no ha ocurrido en ningún lado”; sin embargo, “no se ha hecho mayor cosa”. En este sentido, indicó que desde el Observatorio ya enviaron una propuesta a la titular de la Secretaría de Educación Pública.

Señaló que en el marco del Día Mundial de la Filosofía, que se conmemora el 18 de noviembre, comenzó ayer una serie de mesas para tratar, entre otros temas, los problemas que obstaculizan a esta disciplina. Los próximos conversatorios son el jueves 11 y 18 del presente, a las 17 horas, en el canal de YouTube del Observatorio.



lunes, 23 de noviembre de 2020

Entrevista sobre El rol de la Filosofía en tiempos digitales

El rol de la Filosofía en tiempos digitales


Entrevista al profesor de Filosofía Pablo Romero García en Más temprano que tarde, programa de radio El Espectador, donde estuvo dialogando sobre el rol de la filosofía en tiempos digitales, la situación educativa y el impacto del uso de las nuevas tecnologías en el marco de nuestra sociedad del cansancio. 

"El profesor de Filosofía, Pablo Romero, aborda la "cultura del aburrimiento", la "sociedad del cansancio" y la "pérdida de la calidad democrática."

https://espectador.com/mastemprano/entrevista/el-rol-de-la-filosofia-en-tiempos-digitales-como-las-redes-sociales-afectan-el-aprendizaje

https://cooltivarte.com/portal/el-rol-de-la-filosofia-en-tiempos-digitales-como-las-redes-sociales-afectan-el-aprendizaje/ 

lunes, 16 de noviembre de 2020

Contratapa: el rol de la filosofía en tiempos digitales

Salió Contratapa, espacio de reflexión y debate sobre temas culturales, con artículo del prof. uruguayo Pablo Romero García sobre El rol de la Filosofía en tiempos digitales. Entrevistas y excelentes artículos de colegas redondean un primer número imperdible. ¡Bienvenida Contratapa! 

https://www.contratapa.uy/Archivo/El-rol-de-la-filosofia-en-tiempos-digitales-uc25


¿Es verdaderamente libre el ser humano?

¿Es verdaderamente libre el ser humano? ¿Somos tan libres como creemos? 

Reflexionando desde los aportes de Sartre, Viktor Frankl y Vaz Ferreira, entre otros, compartimos desde Uruguay la participación del prof. Pablo Romero García en una nueva Mesa de Filósofos, junto a Miguel Pastorino, Horacio Bernardo y Romina Andrioli. 





domingo, 20 de septiembre de 2020

La búsqueda de la felicidad

Desde Uruguay, compartimos La Mesa de Filósofos, con la participación de los filósofos Pablo Romero García, Miguel Pastorino y Horacio Bernardo, con la conducción de Romina Andrioli, donde dialogaron sobre qué es la felicidad y su búsqueda en la sociedad contemporánea.



https://youtu.be/rA5thyTp5zY   



miércoles, 19 de agosto de 2020

Educación: la otra campana. 15 frases para debatir

Compartimos la entrevista realizada al profesor Pablo Romero, en el programa La otra campana (Radio Nacional, 1130 AM), donde discurrió sobre los principales problemas del sistema educativo. 

Se puede escuchar en: https://www.facebook.com/pabloromerogarcia74/videos/686814782190105/

Y va como adelanto algunos puntos planteados y desde los cuales los invitamos a escuchar la charla y continuar el debate:

“Nuestra crisis más que económica es cultural. Nuestros problemas de base como sociedad son aspectos de marginalidad cultural”

“La masificación de la educación no fue acompañada de un proceso institucional acorde”

“En cuanto a las generaciones que nos van a sustituir, menos de la mitad tienen culminado el ciclo secundario. Las brechas de desigualdad social que se siguen marcando son fuertísimas”

“Hay que apuntar al trabajo cultural, en los territorios y con las familias. Es algo que no se ha terminado de comprender del todo. El primer espacio de enseñanza es la familia.”

“Esta situación tiene consecuencias a todo nivel. La calidad democrática va a ir bajando. Quedará en manos de unos pocos la capacidad de dar debates con calidad, de reflexionar con sutileza”

“No logramos plasmar políticas educativas de acuerdos mínimos y a largo plazo. Operan lógicas de trincheras y pulseadas permanentes. Tenemos un problema de tercermundismo mental”

“Uno de los grandes aportes que la educación puede hacer al ser humano es descontextualizarlo. Cuando solo contextualizamos a los gurises, generamos ghettos. Abrir la grilla es clave”

“Educación, educación y educación, es engrosamiento cultural desde la base. Y para eso necesitamos rescatar el campo de las Humanidades. Trabajar con Filosofía para niños, Argumentación y programas fuertes en lectoescritura desde Primaria y Ética para adolescentes en el ciclo básico forma parte de mi propuesta”

“¿Cómo podés tener profesores que no lean libros? El sistema, sin apuesta a la formación permanente, con docentes trabajando muchas horas, te destruye culturalmente”

“Los espacios sindicales hacen demasiado hincapié en cuestiones corporativas y están en el debe desde la propuesta intelectual, desde el pensar no solo desde el no. Deben dar la disputa intelectual y no solo pararse en la vereda de enfrente desde el eslogan”

“No hay posibilidades de mejorar el sistema educativo si no colocamos el acento en los docentes. Si no trabajamos en relación a ellos, no va a haber reforma posible.”

“El grado de inmadurez política nos ha llevado a estos años de estancamiento en el plano educativo, el cual se ha convertido, gobierno tras gobierno, en la tumba de los cracks”


sábado, 1 de agosto de 2020

La sociedad del cansancio

Desde Uruguay, compartimos la participación del prof. Pablo Romero en La Mesa de Filósofos (programa En Perspectiva, de Radiomundo), junto a los colegas Miguel Pastorino y Magdalena Reyes, charlando sobre nuestra "sociedad del cansancio", sus síntomas, efectos y propuestas para una alternativa "sociedad de la pausa".



miércoles, 29 de abril de 2020

Educar en tiempos de pandemia: desigualdades y compensaciones

Compartimos, desde Uruguay, artículo del prof. de Filosofía Pablo Romero


Educar en tiempos de pandemia: desigualdades y compensaciones
La situación de pandemia que estamos atravesando ha dejado al desnudo falencias varias de nuestra sociedad. Aspectos sociales, económicos, culturales, educativos, han quedado expuestos, recordándonos las diversas asignaturas pendientes que tenemos. Entre ellas, el trabajo informal que castiga a un número todavía demasiado elevado de ciudadanos, las condiciones lamentables en las que viven muchos de nuestros ancianos en los residenciales, la fragilidad económica del sector cultural y las brechas que se profundizan en el campo educativo ante la ausencia de la presencialidad.
Podría sumar una amplia lista, pero quisiera detenerme en el área que me resulta más familiar, la del campo educativo. Y específicamente abordar cuestiones que se desprenden del apelar a la virtualidad como recurso paliativo mientras las clases estén suspendidas en su presencialidad, pues desde allí podemos visualizar el principal desafío que compete a la educación: el de la desigualdad social, el de realmente incluir y generar mejores posibilidades de futuro para todos nuestros jóvenes.
Un virus nos reivindica
Lo primero es señalar el excelente trabajo que están llevando adelante los docentes. La situación de emergencia demuestra claramente lo que insistentemente he venido señalando: en ellos radica la sostenibilidad del sistema educativo y son los principales actores de cualquier cambio posible. Mucho antes de que las autoridades comenzaran a siquiera intentar pensar cómo actuar frente a la rapidez y particularidad de los hechos, los docentes ya se estaban organizando y comunicando por diferentes vías con sus alumnos y con sus pares, organizando la continuidad del vínculo humano y pedagógico del sistema.
El incesante trabajo por medios digitales ha ido in crescendo y denota el compromiso y profesionalidad de nuestro cuerpo docente. Durante demasiados años ciertos discursos, desde diferentes niveles y actores con responsabilidad pública (lo que agrava el asunto), han propiciado la instalación de un imaginario que ubica al docente como parte negativa del problema educativo, desmereciendo o directamente desconociendo lo que implica el trabajo cotidiano de los educadores. Inesperadamente, es un virus el que nos ha permitido apreciar de mejor modo lo que a diario realizan maestros y profesores, reconociendo su impacto positivamente determinante a nivel social.
¿La virtualidad profundiza desigualdades?
En segunda instancia, abordar la situación que más me preocupa y ocupa: las diferencias que se remarcan, las brechas que se profundizan, entre aquellos que pueden acceder en las debidas condiciones a la dinámica de la virtualidad y aquellos que no pueden hacerlo, ya sea por problemas de conectividad como por posibilidades de organizar debidamente el trabajo escolar en los tiempos y espacios físicos de su hogar, pero, sobre todo, por encontrarse unos cuantos pasos atrás en términos de un capital cultural y una internalización de los requerimientos educativos que les permita seguir de modo adecuado las exigencias de la virtualidad. La esfera virtual en términos educativos funciona adecuadamente sobre ciertas bases que el alumno debe tener incorporadas previamente (y que la virtualidad no subsana per se).
Por ejemplo, la organización del trabajo intelectual, que es una de las claves para poder entender la diferenciación social, para poder comprender las posibilidades de movilidad social de los individuos, es uno de los puntos que explica lo señalado anteriormente. Algo que podría resultar simple a primera vista como lo es el hecho de tener un espacio para organizar adecuadamente el trabajo escolar, el tener una mesa disponible para las tareas, un horario establecido en la casa por parte de los adultos referentes para dedicar al estudio, es fundamental (en este sentido, los invicto a leer el excelente artículo publicado por el colega Óscar Yañez en Agesor, titulado Virtualidad y discriminación).
¿Cuántos de nuestros alumnos tienen incorporada culturalmente esa debida organización? ¿Cuántos tienen las condiciones materiales adecuadas para desempeñarse adecuadamente en este escenario de la virtualidad?
Las desigualdades del éxito académico no se explican solo a partir de la desigualdad económica, sino que las diferencias -que se legitiman a través de las instituciones educativas y que están en relación directa con las familias (de ahí la importancia de aprovechar esta coyuntura para llegar lo más que se pueda a los hogares, algo sobre lo cual aterrizo líneas abajo, desde una propuesta concreta)- se explican sobre todo a partir del contexto sociocultural de origen, de la herencia cultural, del saber hacer en términos académicos que se trasmite en un hogar. Por esto mismo, el coronavirus no hace más que evidenciar lo consabido pero frecuentemente olvidado en tiempos de normalidad: no todos partimos de las mismas posiciones y condiciones económicas y culturales, por lo cual debemos trabajar de modos diferenciados, intensificando esfuerzos y acentuando estrategias específicas con aquellos que se encuentran en situaciones de rezago.
Por otra parte, lo cierto es que muchos de nuestros  alumnos trabajan a duras penas ya no en la virtualidad sino en la presencialidad, particularmente en el ámbito del ciclo básico. Y si lo hacen en buena medida es por el contacto directo, en el aula y en los corredores de las instituciones, que establecen los docentes y otros actores claves de docencia indirecta (adscriptos, equipos multidisciplinarios, equipos de dirección). Para estos chicos, que no son parte de un número anecdotario sino que forman parte de la mayoría –y que se les puede “explicar” desde diferentes motivos, que van desde dificultades de aprendizaje hasta la cultura del mínimo esfuerzo que es un signo epocal), no hay virtualidad alguna que pueda suplantar debidamente ese vínculo cuerpo a cuerpo. Los docentes  -y los ámbitos físicos de las instituciones educativas, que representan mucho más que paredes- son en su presencialidad el principal factor de motivación y progreso educativo de nuestros alumnos.
¿Cómo nivelar? ¿Cómo compensar?
Las preguntas en lo inmediato pasan a ser, entonces, ¿qué mecanismos de nivelación podremos poner en acción? y ¿cómo podremos compensar lo que la no presencialidad nos ha quitado en este tiempo, más allá de los que la virtualidad ha podido aportar? Se me ocurren en principio dos mecanismos (más allá de los que se puedan aplicar in situ, en el regreso a la presencialidad).
Una de las alternativas viables podría ser la de utilizar los medios públicos, generando espacios para emitir contenidos disciplinares. Esto no subsana el asunto respecto de aquellos alumnos cuyo principal problema es el desinterés, anclado además en un entorno familiar que poco favorece a un cambio de actitud respecto del estudio, pero, ciertamente, aumenta las posibilidades del acceso (y ya sumar algunos más supone un logro importante): si no hay modo de conectarse a la red, se tiene la posibilidad de la radio o de la televisión. Por otra parte, permitiría que la llegada sea más amplia en el territorio mismo de la familia, haciendo partícipe a padres, hermanos y otros integrantes del núcleo, pues, sobre todo la televisión, es un medio mucho más consolidado y utilizado en los hogares, incluyendo su ya marcada disposición física.
El aporte en beneficios educativos y culturales, a la larga, iría mucho más allá del objetivo de compensar el tiempo pedagógico de los alumnos, en tanto el involucramiento de las familias (que en muchos casos podría generar reconexiones con el sistema educativo) es uno de los problemas habitualmente señalados por los docentes. Por otra parte, movilizaría al cuerpo docente, convirtiéndolos en autores de insumos educativos comunicables masivamente, rompiendo con las fronteras de sus aulas y potenciando la puesta en marcha de una verdadera cultura de comunidad educativa.
Pero, ¿cómo podría esta cuestión ponerse en marcha en la práctica? Entiendo que lo viable sería conformar un equipo de docentes por materias y niveles (Inicial y Primaria, Ciclo Básico y Bachillerato) que puedan acompañar el trabajo que están realizando los docentes efectivamente a cargo de los cursos. Un equipo de docentes que puedan aportar contenidos sea a través de la exposición más clásica como en tareas de orientación para la construcción de otro tipo de materiales educativos de alta calidad audiovisual, de modo de ir complementando desde la compensación lo que los educadores vengan realizando en el contacto personalizado con sus alumnos.
Estos contenidos podrían trasmitirse en franjas diarias, a la mañana y a la tarde, en los canales y frecuencias radiales ya existentes o generando canales nuevos, siempre dentro del ámbito de la señal pública. Pero, ¿cómo sabríamos específicamente qué temas trabajar? Se debería relevar información sobre los principales baches programáticos por medio de las diversas inspecciones de asignaturas, solicitando a los docentes que se indique unidades y temas que entienden les va a resultan imposible de alcanzar o que les estén resultando difícil de profundizar debidamente. Y sobre esa base ir armando los materiales a difundir por los medios públicos. Todos los docentes sabemos a estas alturas que el recorte programático será inevitable, pero es un asunto que podría ser subsanable en parte a partir de este mecanismo propuesto y del siguiente, que paso a esbozar.
La utilización de los medios públicos podría complementarse a su vez con el sostenimiento de un equipo permanente de tutorías online. Tutores que podrán abarcar todo el territorio nacional a partir de los beneficios que nos permite la desterritorialización digital. Generar un espacio de consulta online dentro de los horarios habituales del sistema educativo. Brindar la posibilidad de que el alumno pueda conectarse a plataformas oficiales (CREA, por ejemplo) y consultar mediante un chat a un docente de Física o de Filosofía sobre un tema, siendo orientado en la búsqueda de materiales adecuados o brindando una información muy puntual sobre una duda en el contenido de la disciplina, a la vez que generar materiales a demanda , o sea, que el alumno pueda acceder a repositorios ordenados por nivel y materia (y aquí se entrelazaría con el primer mecanismo sugerido, pues los recursos difundidos por los medios públicos formarían parte de estos materiales alojados en la web).   
Puede que estos mecanismos parezcan a priori difícil de implementar (sinceramente, creo que son posibles y que nos darían buenos resultados, incluso pensando ya en el mundo post coronavirus) o que nos resulten mejores otras opciones en los inmediato, pero lo cierto es que es momento de agudizar la creatividad, de plantear ideas y propuestas y de poner a disposición todas las posibilidades que el Estado dispone para que el 2020 no solo no sea un año perdido a nivel educativo, sino para que se convierta en el puntapié inicial de un  proceso de conformación de un sistema educativo que vuelva a ser la bandera de una sociedad más justa en cuanto a las posibilidades que le brinda a sus ciudadanos. Justamente, la tarea del educador (cara visible del Estado frente a los alumnos) es, sobre todo, la de generar posibilidades, la de brindarle herramientas a nuestros jóvenes para que puedan posicionarse de mejor modo, en un mundo diverso y complejo, frente a las formas de desigualdad social que aún tenemos y que la coyuntura nos vuelve a mostrar en toda su dimensión.
Asistimos a un momento histórico, donde debemos reivindicar el papel de la educación en la transformación de la realidad social, en el batallar contra las desigualdades que en ella persisten. Y esa tarea es siempre política, en su más amplia acepción.

jueves, 23 de abril de 2020

Nueva normalidad y mundo post coronavirus

Nueva normalidad y mundo post coronavirus
El miedo al cuerpo de los otros, las desigualdades sociales, económicas y culturales que quedan al desnudo, el papel de la Filosofía y la "vacuna ética", la pausa para pensar y pensarnos, la soledad y el ocio como oportunidad, la fragilidad de la condición humana y las brechas que se profundizan y nos interpelan.
Compartimos nota en Canal 4 de Uruguay al filósofo Pablo Romero García.


sábado, 11 de abril de 2020

Gana un regalo por nuestro aniversario 🎉🎁

Queremos festejar nuestro aniversario con ustedes que han seguido muestras actividades por tanto tiempo.

Pasos a seguir 🎉🎁

•Dar like a las página en facebook del Observatorio Filosófico de Morelos y la página "Posibilidad Crítica y reflexión"

•Capturar en tu comentario la pantalla de ambas páginas con la manita arriba:

•Comenta ¿Porqué es importante la filosofía? 🎉🎁

El comentario que tenga mayor número de "ME GUSTA" 👍 será el afortunado en llevarse:

- Una copia del libro "Filosofía ¿para qué? Desafíos de la filosofía en el siglo XXI" del Mtro. Gabriel Vargas Lozano (Coordinador del Observatorio Filosófico de México) 🎁

Se anunciara el GANADOR el día 24 de abril a las 8:00 pm

Recuerda entre más "Me gusta" le den a su comentario, la posibilidad de Ganar es mayor.
👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍👍

lunes, 30 de marzo de 2020

La mejor de las pandemias

Desde Uruguay, compartimos artículo del Prof. Pablo Romero sobre la pandemia que nos aqueja, escrito bajo el presupuesto de que “la verdadera vacuna contra el coronavirus es de índole ética antes que biológica.”

La mejor de las pandemias

La pandemia que aqueja al mundo –sobredimensionada o no, exagerada o no en cuanto a las medidas adoptadas por los gobiernos,  lo cual es un debate que aquí no pretendo dar- nos genera la indudable sensación de enfrentarnos a una situación límite, que se nos presenta bajo un carácter de fatalidad universal.
Bajo esa percepción extendida globalmente y en el marco de situaciones de aislamiento social, de cuarentenas decretadas en muchos países del mundo, nuestra cotidianidad se ve notoriamente afectada.  Nuestros hábitos se ven trastocados y el individuo deja de estar arropado por la mansa certidumbre que la amplia mayoría tiene respecto de sus días. En este contexto, que va camino a extenderse en su efectiva duración, comienzan -antes o después, en profundidades complejas o en superficies igualmente no habituales- a darse momentos de pensarnos un poco más, de replantearnos aspectos de nuestra existencia y de las personas que nos rodean, de reflexionar sobre el rumbo de nuestra sociedad (e incluso sobre el definitivo cambio de rumbo de nuestra civilización tal cual la conocemos, sumaría alguno con espíritu más extremo).
Ese pensarnos, ese evaluar el contexto, no necesariamente decanta en actitudes aplaudibles. Así, suelen emerger actitudes valerosas, solidarias, empáticas, afectas al bien común, tanto como actitudes mezquinas, egoístas, contándose con adeptos a sacar tajadas para su provecho, sin importarle en absoluto el otro (o los “otros” que no sean los “suyos”).
Las situaciones límites nos ponen, pues, a prueba, tanto en lo individual como en lo colectivo. Y, en ese sentido, no dejan de representar una oportunidad (y no un mero acto de oportunismo, si entendemos el asunto como es debido). Una oportunidad de trascendentalidad, diría Jaspers. La posibilidad de quedarnos “en la chiquita” o de mirar más allá de nuestro ombligo, diría yo, en un lenguaje menos académico.
Los momentos de sacudones importantes, esos que nos ponen en peligro, nos invitan a repensar nuestros comportamientos, a discernir sobre lo correcto o no de nuestro accionar, a reflexionar sobre lo que le conviene o no a nuestra comunidad y en qué medida podemos o no aportar en la tarea. O sea, es momento de la ética, de la irrupción en la escena pública -y desde la esfera más interior y privada del individuo- de nuestra responsabilidad en los dos planos ya mencionados: el individual y el colectivo.
Por ejemplo, en este marco sanitario, cuidarnos es también cuidar a los otros. Dejar caer económicamente a los que más sufren esta crisis es un modo de, a corto o a mediano plazo, arruinar la economía de todos (incluyendo todos los otros costes sociales que esto implica, desde lo educativo, lo cultural, hasta en términos de la seguridad pública, como bien remarcarían algunos). Cuidar la economía de los otros, entonces, es un modo de cuidar la nuestra. El capitalismo globalizado, bien comprendido en su dinámica, sobre todo en nuestros países tercermundistas, tiene una lógica inamovible en ese sentido: el coletazo a la larga golpea a todos. A algunos más que a otros (y de modo dramático en muchos casos, por supuesto), pero nadie queda a salvo. E insisto con aclararlo, sobre todo por aquellos que puedan creer que quedarán inmunes en términos económicos (y que no suelen pensar más allá de su bolsillo).
Hablando de posibles pequeñeces en momentos que se requieren de grandezas, no dejan de asombrarme los modos con que venimos tramitando ciertos reclamos políticos. Es momento de elevar la mirada y no de generar divisiones y fomentar odios a partir de oportunismos corporativistas. Así, del caceroleo versus el himno (luego de la convocatoria de la central obrera) pasamos a públicos versus privados (luego de la decisión del gobierno de recortar salarios públicos altos). Y vale aclarar que no estoy emitiendo juicios de valor sobre las decisiones tomadas, sino señalando el efecto en los modos de razonar. Las falsas oposiciones nos acechan, nos recordaría Vaz Ferreira. Y vivenciar la política como si fuésemos hinchas de fútbol, como si fuésemos barras bravas alentando a su equipo, nos sale carísimo a todos en términos de nuestra calidad democrática. Y resulta particularmente caro en estos momentos.
Recurrir a la polarización de la sociedad es el peor de los caminos a tomar. Esto no implica, por supuesto, renunciar a la crítica (el señalar con argumentos atendibles lo que no es correcto, lo que no es justo, lo que nos genera dudas o motiva perspicacias, o indicar con agudeza lo que podría mejorarse, por ejemplo). Por el contrario, más que nunca necesitamos del ejercicio de la capacidad crítica. Pero de una crítica sustentada en la razón razonable, no en el discurso de trinchera y de incendio de la pradera. Si algo no necesitamos en estos momentos es el crearnos, el fomentar, una guerra de unos contra otros.  
El buen discernir parece indicarnos que es el momento de utilizar la diferencia y la discrepancia en favor de mover el carro entre todos. Y hacerlo del mejor modo posible, aunque algunas cosas que en particular nos interesaban inevitablemente se nos caigan en el camino con tanto movimiento. Ya habrá tiempo de desandar el camino para ir a recogerlas. Ahora es tiempo de sacar el carro del fango y ponerlo a andar nuevamente. La diferencia puede y debe ser concebida en esta situación límite como un motor de la unión. Del mismo modo que alentamos a la selección de fútbol uniendo hinchas de todos los equipos bajo una misma bandera, del mismo modo que gritamos con todo un gol y nos abrazamos espontáneamente al desconocido de al lado en el estadio o en la calle sin preguntarle a qué equipo pertenece, así debemos proceder en estos momentos. Hoy, que justamente nos tienen desaconsejado el abrazo físico, debemos incentivarlo en otras maneras.
Esta situación puede dejarnos buenas lecciones de futuro si comprendemos la importancia de estar unidos frente a las adversidades. El coronavirus no actúa desde luchas de clases ni desde intereses partidarios (y no negamos con esto que no existan y no definan en buena medida las desigualdades sociales, las cuales el virus sí colabora en evidenciar, sino que el momento requiere pensar por fuera de las dicotomías y las grietas sociales que estas ahondan).
La mezquindad, concebida en sus diversas variantes de canalladas, puede convertirse en el peor de los virus a propagar en estas circunstancias. La combinación de la solidaridad y la unión, resultan, por el contrario, la mejor de las pandemias que podemos poner a circular. La verdadera vacuna contra el coronavirus es de índole ética antes que biológica. Al final de cuentas, como siempre, la clave somos nosotros y nuestras actitudes.